ELEBERRI BELTZA

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El detective WORSE

Abril 16, 2007 · Dejar un comentario

              

        Un  día estaba yo, el detective WORSE,  en mi casa con unos amigos. De repente se apagaron las luces y se oyó un grito desde la cocina, cuando vino la luz otra vez fui corriendo a la cocina para ver qué había pasado. Allí llegué y vi a la señora más rica de mis amigos muerta, tirada en el suelo sin ningún tipo de herida ni rasguño. “¡En mi propia cocina!” pensé. Entonces, como soy “un gran detective”, pues me puse a investigar. Pensé que tenían los dos el mismo motivo, aparte de que no eran muy listos, pues habían matado a una persona… ¡en la cocina de la casa de un detective! Pero bueno, eso no importa, lo que importa es encontrar al asesino. Sólo había dos personas en la casa, lo cual significa que no sería difícil encontrar al asesino.      

Supuse que el motivo que tuvieron cualquiera de los dos, era que querían el tesoro de la señora Mª Francoise la señora muerta. Pero antes de eso estuve mirando el cuerpo inerte. Lo único que encontré, fue un poco de polvo venenoso en los labios de la víctima y una pluma color verde. 

Cuando acabé de revisar el cuerpo, me quité los guantes y reuní a mis dos amigos en el salón, y antes de que ninguno dijese nada comenté yo: “A ver, María, Ángelo… si me decís quién ha sido acabaremos antes (ese truco nunca funciona). ¿No decís nada? Bien, pues tendré que utilizar la lógica, a ver, (los dos estaban nerviosos) he encontrado polvo venenoso y una pluma verde. El polvo podría ser de cualquiera de vosotros dos, y la pluma también, pero Ángelo… no lleva nada con plumas y en cambio, tú, María, llevas un sombrero del mismo color que la pluma y en tu sombrero, si te fijas bien, falta una pluma”.

Entonces María lo admitió y confesó que fue por las riquezas de Mª Francoise. Según llegó la policía, se la llevó.      

No penséis que la teoría de la pluma la inventé en ese momento, sino que la tenía pensada de hacía tiempo, y me costó mucho pensarlo, pero al final lo conseguí. Y Ángelo y yo seguimos quedando como dos grandes amigos. Como si no hubiese pasado nada.                                            

                                          

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