Me dirigía hacia la cima de la torre de la iglesia, pues allí había ocurrido un crimen. Subí las escaleras y me encontré con los demás policías y compañeros de trabajo.
- ¡ Hola Henry ! , me alegro de verte. – me dijo Clark . - Lo mismo digo Clark. – le contesté. Clark era mi ayudante y a la vez un buen amigo. Era regordete, con un bigote gigante y siempre estaba alegre. El asesinato sucedió a las cuatro de la tarde. El hombre murió por varios golpes en la cabeza y un disparo en el corazón. Lo pude leer en la hoja que me dieron. Yo, como siempre, me dispuse a investigar el lugar del crimen, encontrando un pañuelo de hombre con dos iniciales bordadas. “ J y B ”. Desde ese instante me propuse buscar al asesino. Llevé el pañuelo al laboratorio para que mirasen el ADN de los mocos. Como no disponíamos de mucho dinero, y los aparatos no eran muy sofisticados, aparecieron tres nombres. Uno de ellos era Jane Batsigan , pero no podía ser debido a que era mujer. El siguiente fue John Betrewer, que era uno de los sospechosos, y el ultimo Julio de la Rosa Ramírez Balloalto. Ese era un mafioso muy buscado por la ley. No dude ni un segundo en que el, había sido el asesino y aquello fue un ajuste de cuentas . . . Me dispuse a recopilar información de gente que le conocía. Fui a la calle Santa Eulalia. Aquel era un sitio de gente pobre, donde traficaban con drogas y se encontraban carteles de la mafia. Allí me encontré frente a frente con Julio de la Rosa Ramírez Balloalto que estaba a la sombra de una esquina. No lo dude y me dispuse a hablar con el. Parecía un hombre poco amable y hablador. Pero me acerque a el y . . . - ¡ Hola ! ¿ Le podría hacer unas preguntas ? – comente muy serio. Él contestó rápidamente que sí. No lo podía explicar, mi corazón latía muy rápido. Se podría decir que tenía miedo. - Es sobre un asesinato. Hace unas horas hemos encontrado a un hombre asesinado en la torre de la iglesia, y allí he encontrado esto. – le aseguré mostrándole el pañuelo. Él me afirmó que era suyo, y me contó todo lo que había sucedido. Yo estaba en lo cierto, fue un ajuste de cuentas. El difunto debía mucho dinero al mafioso y entonces quedaron en la iglesia y empezaron a pelearse. Pero Julio cogió su pistola y muy rápidamente apretó el gatillo incrustando la bala en el corazón de la victima. Le pregunté que por qué me contaba todo esto, me dijo que ya estaba cansado, quería dejar de matar a gente por dinero, y se quería entregar a la policía. Yo no dudé ni un segundo y le llevé a la comisaría.
Todos quedaron admirados de mi firmeza tenacidad al llevar el caso y m e ascendieron.