(…) Subía por las escaleras oscuras, había poquísima luz, casi no se podía reconocer el escenario. Entonces, con el corazón en la garganta ascendí por aquellos peldaños terroríficos. A medida que iba avanzando me asustaba cada vez más y más.
Entonces llegué arriba y había un pequeño claro de luz, ¡Era una puerta! Pero, de repente, esa luz tan hermosa fue tapada por una oscura silueta. Apenas se le veía pero creo que llevaba un sombrero y una gabardina. Le pedí que se identificara, pero no me hizo caso, comenzó a avanzar, y yo asustado, hacía lo contrario que él, ir hacia atrás. En ese instante sacó una pistola, yo cerré los ojos y disparó, pero yo seguía vivo. ¿A quién disparó? Abrí los ojos, miré la pistola y seguí el trayecto de su cañón, hasta que me giré. Allí había un hombre muerto con una pistola en la mano, entonces miré hacia el chico y me afirmó: Te estaba siguiendo. Me cogió por el brazo y me llevó abajo con la policía. Allí me dieron un chocolate caliente y una manta.