Cuando Elizabeth llegó a la escena del crimen se encontró con sus compañeros de trabajo de policía. Ésta se dirige al jefe del cuerpo y pregunta quién es la persona que ha muerto. El jefe le responde que se llamaba Martín Pérez y la causa de la muerte fue una de las tantas puñaladas que tenía. Después le pregunta si habían encontrado droga o algo similar en su ropa o en su coche para poder entrar en la conclusión de que había sido asesinado por un narcotraficante o por asuntos de dinero. Le respondió de nuevo que no, pero que tenía una esposa y al interrogar a los vecinos respondieron que no solían discutir, excepto la noche anterior del asesinato que estuvieron discutiendo muy alto y fuerte; después el marido se largó y no pudieron decirnos de qué estuvieron hablando porque no se les entendía. También le pidió que interrogara a la mujer. la chica afirmó con la cabeza, se fue a casa de la mujer para llevarla a comisaría e interrogarla. En un momento del interrogatorio se paró y volvió a preguntar al jefe si se le había olvidado u ocurrido inspeccionar a fondo el coche.
El hombre, impresionado y un poco avergonzado le dijo que en ese mismo momento lo llevaría al taller.
Elizabeth se encontraba en una de las salas de interrogatorios en frente de Marina, la esposa de la víctima. Al preguntarle de qué habían discutido le respondió que le había puesto los cuernos con otra y que le echó de casa porque no quería verlo más, y también que fue la última vez que le vio con vida. Así que Elizabeth le dijo que podía irse después de sospechar de ella.
Mientras Elizabeth se bebía su café le llamó su amiga Sheila, la que se encargó de inspeccionar el coche a fondo. Le comunicó que encontró unos pocos billetes de cien y quinientos euros muy bien escondidos debajo de una funda camuflada y que algunos estaban sucios de sangre, pero no de la víctima sino de un tal Rodri Martínez, un narcotraficante en libertad condicional.
Entonces le dijo que la mujer mintió en lo referente a “los cuernos”, que se debió de enterar de que les habían descubierto o algo así. La amiga le dijo que podía haberse enterado en ese momento y que no podía ser que los dos estuvieran implicados en esto, porque discutir y luego irse no tenía sentido y también por cómo discutieron.
Elizabeth, un poco mosca, avisó a la policía y fueron apresuradamente a casa de la esposa.En cuanto llegaron, Elizabeth iba a llamar al timbre, pero cuando lo iba a tocar vio que la cerradura estaba forzada y de una patada abrió la puerta. Se encontró a la esposa muerta y al narcotraficante Rodri Martínez con cara de sorpresa y miedo porque la policía le había pillado “in fraganti” con el cuchillo con el que la mató.