ELEBERRI BELTZA

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LA MANSIÓN MORTIFERA

Abril 16, 2007 · Dejar un comentario

images1.jpgDos adolescentes iban en bicicleta cuando decidieron pararse en un área de descanso, en la que vieron una extraña forma tapada con un manto blanco. Lo destaparon y descubrieron que era un cadáver, corrieron a la comisaría de policía más cercana, en la que me encontraron, un detective llamado Beyan, que les quiso ayudar. Mi compañero había guiado a los dos jóvenes hasta mí para que me contaran todo lo sucedido.

Tras oír su relato, nos dirigimos a la escena del crimen. Cuando llegamos, el cadáver había desaparecido. Saqué mi lupa y observé con atención las huellas que alguien había dejado al arrastrar el cuerpo. Seguimos las huellas unos cincuenta metros hasta un acantilado donde encontramos el manto abandonado sobre las rocas. Intentamos descender y recogerlo, pero solamente conseguimos recuperar la etiqueta que colgaba de una de sus puntas, en la que aparecía el nombre de una mansión que se encontraba a unos dos kilómetros del lugar. 

Cuando llegamos a la mansión, un guarda nos abrió la puerta y nos condujo al salón. Allí estaban reunidos todos los habitantes de la casa: el mayordomo, la doctora que atendía a la familia, una enfermera, el cocinero, el camarero, el guardabosques, el jardinero, el hijo del dueño de la mansión, su mujer y sus hijos, un chico y una chica. Todos eran sospechosos, de modo que les contamos lo sucedido y les interrogamos. Les pregunté a todos dónde habían estado una hora antes y me respondieron que no se habían movido de la casa y cada uno había estado ocupado con sus tareas. En ese momento les comenté a los jóvenes que sería conveniente que durmieran en la comisaría. 

Por la mañana iba hacia la comisaría cuando me encontré a los dos jóvenes apuñalados en medio del camino. Volví a la mansión y les pregunté si podía quedarme hasta que terminara de resolver el caso. Todos estuvieron de acuerdo y me dijeron que colaborarían en todo lo que pudieran. Entonces llegó un policía, compañero mío, y me dijo que habían encontrado el cadáver escondido entre unos arbustos cerca del lugar donde los adolescentes lo habían visto por primera vez. El muerto había sido identificado como el dueño de la mansión y también había sido apuñalado.  El policía se marchó y los demás fuimos a un salón donde cenamos. Después de la cena, el cocinero, la doctora, la enfermera y el guardabosques se quedaron charlando. Los demás nos fuimos a la cama.

A la mañana siguiente encontramos a los que se habían quedado en el salón muertos con tres puñaladas cada uno, menos a la enfermera, que aparentemente se acababa de levantar. Entonces lo vi claro:  la noche anterior, al irme a la cama, había visto que un cuadro, un retrato del dueño de la casa, presentaba ciertos rasguños sospechosos, causados por un bisturí o una jeringuilla.  Acompañé a la enfermera a comisaría, para que prestara declaración. Las pruebas la señalaban como la principal sospechosa, todos los asesinados habían sido drogados y apuñalados. Durante el juicio quedó claro que la enfermera había sido la única que podía haber cometido todos los crímenes y el juez la declaró culpable de asesinato.

Ahora, yo, el detective Beyan, me tomo un descanso hasta que se presente un nuevo caso.

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