En una larga mañana de mucho frío, yo, Alberto, iba por la calle muy tranquilo, cuando de repente vi a un señor en un tejado que estaba muy nervioso, andando de un lado al otro… Suponía que esperaba a alguien. Como tenía mucha curiosidad me senté en un banco que estaba detrás de mí y empecé a jugar con el móvil. Al de un rato, cuando aún no había sucedido nada, me levanté y en ese preciso momento el señor se dio la vuelta y ahí estaba la persona que él estaba esperando. Entre ellos comenzaron a hablar de algo que yo no podía oír muy bien, por eso, intenté subir por el ascensor. Cuando llegué arriba me escondí detrás de una puerta con mucho sigilo. Oí algo de tener pinta de ser asuntos de drogas y en ese momento sonó un disparo, yo me asusté mucho pero no hice ningún tipo de ruido, entonces, miré y vi ahí a la persona que al principio estaba nerviosa tirada en el suelo, con una bala entre ceja y ceja, el otro señor sin ningún tipo de arrepentimiento se fue tan tranquilo como vino. Entonces yo rápidamente reaccioné llamando a la policía y después siguiéndole, me sentía como un detective.
Al de una hora aproximadamente llegó la policía al lugar donde yo les había señalado anteriormente. Por eso, el asesino no estaba ahí. Otra vez les llamé y les dije dónde estaba y que no tardaran mucho. Al de cinco minutos llegaron y después de un largo tiroteo, por fin, habían capturado al asesino.
FIN