¿Quién me iba a decir? Hoy, sin comerlo ni beberlo, un caso sobre mi juego preferido, el de los detectives, ha tenido presencia en mis mismísimas narices.
Todo ha sucedido en mi ciudad…Springfield, en una antigua casa abandonada. Ésta es mi centro de lectura y meditación. Cantidad de tardes de la semana las paso allí leyendo novelas de detectives. Esta última semana había estado reflexionando y decidí escribir una. Mientras yo escribía tranquilamente pude observar un hombre subiendo por las escaleras que terminaban en la puerta de la habitación en la que yo me encontraba, lógicamente me oculté en un armario. El hombre penetró en la habitación en la que yo me encontraba y estuvo un buen rato registrando todos los rincones, después de su labor se dirigió a relajarse en mi butaca. Poco después un gran individuo se asomó por la puerta y disparó al hombre en el entrecejo y huyó. Según se marchó yo salí disparado del armario porque había podido observar cómo se le caía una tarjeta, la recogí, y en ella estaba escrito el nombre “Francisco Mesa” y su dirección.472 evregin terra
No tardé en avisar a mi querido amigo Bil, estaba claro que necesitaba a un adulto para que me ayudase. Bil era un aficionado y a la vez un excelente detective tenía unos cuantos casos resueltos de infidelidades en su palmares. Bil tenía unos cincuenta años y sin duda era el hombre con más lógica que tenía a mi alcance, medía un metro y ochenta centímetros más o menos, el pelo plateado y delgado.
Quedamos en encontrarnos en la casa abandonada. Cuando llegó le conté todo lo sucedido y partimos hasta la dirección que aparecía en la tarjeta. Por el camino estuvimos elaborando un plan para infiltrarnos en el domicilio, Bil decidió que nos disfrazásemos de electricistas y buscar dentro de su casa todo aquello que podía relacionarle con el asesinato.
Ya dentro de la casa pude observar aquel revólver inconfundible, se lo comuniqué a Bil , entonces éste le dijo al dueño de la casa que eso estaba en una posición peligrosa y que se podía disparar. Francisco se extrañó de que el arma estuviese en ese sitio y lo guardó en una funda. Francisco era nuestro principal sospechoso pues cumplía con la apariencia física. Finalmente nos marchamos de la casa. No podíamos hacer nada más ni siquiera sabíamos el motivo por el que había asesinado a aquel hombre. No nos quedaba más remedio que esperar, decidimos vigilar los alrededores de la casa y todas las actividades que realizaba el hombre. Pudimos descubrir donde trabajaba en una panadería, esto no nos servia de nada Decidí avisar a la policía, les conté la historia y le detuvieron, como de costumbre ellos se llevaron todo el mérito y nosotros nada.
Pero en fin yo he conseguido encontrar una historia para relatar en mi novela.