ELEBERRI BELTZA

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CRIMEN CASI PERFECTO

Marzo 30, 2007 · Dejar un comentario

      Hace unas semanas estuve investigando un caso en el que hubo un asesinato. Todavía no he conseguido resolverlo, pero creo que… ¡ya lo tengo!

Todo esto ocurrió el día seis a las cinco y media de la madrugada más o menos.

Según los testigos, poco antes del homicidio, vieron pasar a un hombre con una gabardina y un sombrero gris que subía lentamente e intentando hacer el menor ruido por las escaleras. Cuando subió arriba se paró delante de la puerta de la casa de la víctima y después de haber forzado la cerradura la abrió.

Los testigos no vieron más, pero cinco minutos después… se oyó un disparo. Unos vecinos llamaron a la policía. Cuando ésta llegó no encontraron a nadie, sólo a una mujer tendida en el suelo dañada por una herida de bala. Lo más curioso fue que no encontramos bala alguna, eso sólo podía significar una cosa, que el asesino era un experto en estas cosas y que podía ser reincidente.

En cuanto me informaron del caso acudí a la escena del crimen e interrogué junto mi ayudante Lucie a los sospechosos. El primero el mayordomo de la señora Margarette. La víctima. Era un hombre alto y muy corpulento, no tendría más de cuarenta y cinco años.

Como afirman varios allegados a la familia, la relación con la señora no estaba siendo muy agradable últimamente, seguramente sería por deudas mutuas.

Mientras hablaba con él sentí que no estaba muy a gusto respecto a las preguntas. Intuí que él no fue el asesino, por eso decidí ver como evolucionaba.

Ayer pude leer en los periódicos un nuevo asesinato. No me sorprendió mucho, puesto que ya imaginé que ocurriría tarde o temprano.

En la fotografía aparecía el cuerpo muerto del mayordomo.

Ahora lo entiendo todo… ¿Cómo no me pude dar cuenta antes?… Tendré que darme prisa…

En las dos escenas aparece la misma forma hecha por heridas de balas. Varios círculos de distintos tamaños y uno dentro del otro.

Esa imagen la he visto antes en algún lugar… El único hijo de la señora Margarette solía dibujar esa marca y siempre sellaba con ella.

Hace unos días una tía de Margarette me comunicó a escondidas que su único sobrino-nieto, Richard, estaba discutiendo continuamente con su madre sobre una herencia. Si Margarette moría, Richard sería el heredero de todas sus riquezas. Richard obligó a su madre a firmar un escrito en el que él sería el único heredero de las fortunas cuando ella muriera.

¡Ya lo tengo!… Richard fue el asesino. Además, hace tres días le interrogué y no tenía ninguna cuartada.

¡Llamaré a la policía…!  ¡He resuelto el caso!

INGELERA

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